De lo arqueológico a lo arqueolocal: Sobre el Proyecto de Ecomuseo en Santo Adriano

Enlazando con la entrada anterior “Arqueología agraria, desarrollo local y vampiros”, nuestro compañero Jesús Fernández Fernández plantea en las siguientes líneas en qué consiste el proyecto de Ecomuseo para Santo Adriano que en estos momentos se desarrolla desde la “Asociación Cultural La Ponte”.

Imaginemos la siguiente situación:

Llegamos hacia las 9 de la noche a un bar de carretera próximo a Villanueva de Santo Adriano, Asturias, donde va a tocar un grupo de rock local para amenizar la jornada. Al llegar nos encontramos con diferentes grupos de personas que animadamente charlan mientras esperan la ansiada subida del telón. En una de las mesas del local se sientan algunos jóvenes de la zona, casi todos ellos se dedican a la hostelería o trabajan para los ayuntamientos del valle. En otra de las mesas se sienta un grupo de arqueólogos que trabajan en un yacimiento cercano, ninguno de ellos es “de por allí”, pues las únicas fuentes de contratación local son los establecimientos hosteleros y los ayuntamientos, como vimos por el perfil profesional de los ocupantes de la primera mesa. Finalmente, en una tercera mesa se sientan dos jóvenes que trabajan en un parque temático-arqueológico recientemente inaugurado, no demasiado lejos de Villanueva, aunque lo suficiente como para considerar forastero a cualquiera que venga de allí.

Ahora imaginemos que quien entra en el bar es alguien que vive en Villanueva de Santo Adriano de “toda la vida”, es además arqueólogo y ejerce como tal, y además coordina un proyecto de difusión del patrimonio local. Esta persona tiene por tanto algo en común con todos los ocupantes de las mesas, aunque todavía no lo sabe, y se dirige en primer lugar hacia sus convecinos.

Lo primero que comenta en la mesa de la población local es: ¿quiénes son los forasteros? (refiriéndose a los arqueólogos y a las chicas que trabajan en el parque temático-arqueológico). Los autóctonos miran hacia la mesa donde se sientan los arqueólogos alóctonos y comentan que han oído que se trata de un grupo de “geólogos” que trabaja en una cueva cercana. También dicen que en ese lugar guardaban el ganado (cabras) algunos de ellos antes de dedicarse a la hostelería. Cuentan que un buen día cercaron el lugar “los del Principao”, porque al parecer allí había algo de valor, aunque nadie les explicó exactamente qué. Suponen que ahora, tras veinte años, han vuelto a ver cómo estaba el cercado. Para finalizar, terminan con una pregunta a sabiendas del perfil profesional de su contertulio: “¿y eso que faen ahí, pa qué val?” Respecto a las chicas del parque-temático, dicen no conocerlas, aunque sí se refieren a aspectos sobre ellas que no procede valorar aquí (hay que tener en cuenta que los ocupantes de la mesa local son todos varones y solteros, las chicas de su edad han emigrado a la ciudad en busca de mejores oportunidades).

Nuestro protagonista se desplaza ahora a la mesa de los arqueólogos para transmitirles la inquietud de la población local y de paso interesarse por su trabajo. Enseguida toma la palabra el director-gurú del proyecto, quien se entusiasma con las unidades estratigráficas, la antracología, la tafonomía… todo muy interesante. Aunque no comenta nada sobre el valor que lo que están haciendo pueda tener para la comunidad local más allá de vagas intenciones y tanta retórica cientificista. Después, finalizado el soliloquio del director, cada cual comenta su situación personal, a qué se dedica y el rédito científico que va a sacar de este trabajo. Parecen pensar exclusivamente en su promoción académica individual. Como nuestro protagonista es arqueólogo, enseguida les “ve el plumero”. Ya se va aburriendo un poco, así que se interesa por las chicas que ocupan la tercera de las mesas. Los miembros del equipo de arqueólogos las reconocen porque el anterior fin de semana visitaron las instalaciones del parque-arqueológico en el que ellas trabajan, que por supuesto, no les gustó.

Así que para terminar su ronda antes del concierto, nuestro arqueólogo local se acerca a la mesa donde están las chicas para interesarse por su activación patrimonial, pues no la conoce. Tras una brevísima síntesis de contenidos, el efecto del alcohol provoca que la conversación derive más hacia las preocupaciones profesionales, pues la contratación de estas chicas depende de una subvención “del Principao”, que dada la coyuntura actual peligra y sin la cual podrían rescindir sus precarios contratos por obra y servicio. El local intenta reorientar el tema y les comenta que en la mesa de al lado hay precisamente un grupo de arqueólogos, que entre otras cosas está estudiando temas directamente relacionados con los contenidos de su parque-arqueológico-temático. Dicen haber oído hablar algo del asunto, pero desconocen por completo en qué consiste dicha investigación, pues han estudiado Turismo e ignoran por completo toda esa retórica arqueológica. Ya un poco aburrido, el arqueólogo local les habla de sus vecinos, los chicos de la primera mesa, pues nunca han visitado el Parque Temático y cree que es una buena ocasión para captar a la población local. Las operadoras turísticas, con cierto gesto displicente, ponen punto final a la conversación.

Finalmente nuestro protagonista, algo confundido, vuelve con la población local y, tras unas horas de buena música, se retira para reflexionar sobre lo ocurrido unos días después.

Pues bien, lejos de haber sido ficticia, la situación narrada tiene un 90% de componentes reales. Esta situación se dio, en estas mismas circunstancias y quien escribe este texto fue su protagonista. Lo que intento mostrar es cómo pueden convivir diferentes discursos y percepciones sobre el Patrimonio sin que entre ellas exista ni el menor grado de conexión, lo que las hace inoperativas las unas con respecto a las otras.

Frente a esta fragmentación, surge nuestra propuesta de Ecomuseo, como iniciativa integradora.

Logo del Ecomuseo de Santo Adriano

 

¿Qué es un Ecomuseo?

Lejos de existir una acepción única de lo que es un ecomuseo, existen opiniones e interpretaciones muy variadas y un debate muy acalorado entre especialistas. Nosotros nos quedamos con esta definición, que sintetiza muy bien cuales son los aspectos clave de una activación patrimonial de estas características: Un ecomuseo es un conjunto de acciones orientadas a preservar la identidad de un territorio, mediante la participación de los agentes sociales que lo habitan, basándose en los principios de la sostenibildada ambiental/social.

Son pues tres los aspectos claves sobre los que pivota la creación de cualquier ecomuseo:

  1. Se trata de propuestas orientadas a reforzar la identidad de un territorio
  2. Se basan en la participación de sus habitantes
  3. Buscan contribuir al desarrollo sostenible de una comunidad

Nuestra intención no es contribuir a la discusión teórica sobre qué es y qué no es un ecomuseo, pues a fin de cuentas, si algo caracteriza estas propuestas es su naturaleza procesual, frente al estatismo de las tradicionales activaciones patrimoniales, como los museos de objetos. Un ecomuseo es ante todo un proceso dinámico, abierto, participativo, cambiante… y entendemos que eminentemente práctico. Es algo que hay que poner en marcha y dejar crecer, como quien siembra una semilla. Un museo al uso, de objetos o contenidos prefabricados, sería más bien como un árbol ya transplantado. Por ello es habitual que se “mueran”: la zona rural está plagada de centros de interpretación y museos cerrados por no “adaptarse” al entorno en el que fueron “im-plantados”, dependientes de una subvención.

Partiendo de este principio fundamental del dinamismo surge nuestra iniciativa, que persigue aunar tres ámbitos que hasta ahora convivían dentro de nuestro territorio en compartimentos estancos (como ya quedó patente en las conversaciones del bar) y que urgía complementar si queríamos avanzar hacia modelos de desarrollo más racionales y sostenibles:

  1. La investigación. Que suele estar restringida a las universidades y centros de investigación. Defendemos la idea de que todo proceso de investigación debe contar con una participación social activa, que no solo “ayude” a investigar, sino que tenga la responsabilidad de tomar decisiones sobre lo que se investiga y por qué. Los investigadores son “productores de patrimonio”, pero ¿para quién?
  2. La transferencia del conocimiento científico. Si tenemos unas instituciones que investigan por y para sí mismas es lógico que el conocimiento que generen esté restringido a grupos de especialistas que forman parte de estas instituciones y que son quienes tienen acceso las publicaciones, congresos, etc. Como decíamos más arriba, defendemos una socialización de la investigación científica, que permita una mayor fluidez de transferencia del conocimiento, para que todo el mundo sepa qué se investiga y por qué. Y sobre todo, cuáles son las consecuencias de esa investigación: algunas activaciones patrimoniales son auténticas “armas de destrucción masiva” identitaria.
  3. La conservación del Patrimonio. Hasta ahora lo qué es o no Patrimonio lo deciden grupos de “expertos” vinculados a las administraciones (regionales, estatales). Y es también responsabilidad de estas instituciones gestionar aquello que ellas mismas consideran Patrimonio. Creemos que en este caso también es de vital importancia que las comunidades (rurales en nuestro caso) participen activamente en este tipo de toma de decisiones. ¿Por qué las ruinas de un castillo donde vivió un noble feudal han de ser consideradas Patrimonio y no las terrazas de cultivo que en esa misma época construyo el campesino que mantenía con su renta al señor? Creemos que tras esta “inocente” pregunta no hay una respuesta nada sencilla. Volvemos a ver cómo el sistema de conocimiento (re-conocimiento sólo de determinado Patrimonio) es una forma de sustentar un discurso ideológico tremendamente clasista: lo del señor es patrimonio, lo del campesino no. En este sentido consideramos que es prioritario promover iniciativas que fomenten el reconocimiento de una parte importante de nuestro acervo cultural, tanto material como inmaterial, que permanece descuidado y olvidado por las instituciones gestoras oficiales. Otro problema que vemos en la gestión del patrimonio es que por pretender preservar “lo público”, se ponen en marcha medios que lo tratan como si fuese privado, alejándose de este modo de sus fines: hacer público ese patrimonio. Como ejemplo, lo primero que hace una administración cuando reconoce un lugar de interés patrimonial es cerrarlo, aislarlo y alejarlo de la ciudadanía. Un caso real: los abrigos prehistóricos de Fresnéu, en Teverga. Mientras que los pastores que guardaban sus cabras en ellos mantuvieron su actividad, estos abrigos se mantuvieron limpios y bien conservados y eran públicos. O mejor dicho, se conservaron porque eran un bien común de una aldea. Ahora son pasto del matorral, porque se han cerrado. En teoría han pasado a ser patrimonio de todos, pero de hecho, en la práctica, son lugares a los que se ha “privado” el acceso. Los pastores y sus cabras no pudieron volver a entrar en ellos. Lejos de haber garantizado su preservación, la administración ha provocado que hoy estén en unas condiciones peores de conservación que en el pasado. Esta política creemos que ha de cambiar también. ¿No habría sido más útil informar a los pastores del valor de estas pinturas a la vez que se les hace partícipes de su mantenimiento? ¿No habría sido más eficaz pagar el dinero que costo subir todo ese material a los pastores como reconocimiento a su labor de mantenimiento, de preservación de ese patrimonio? En cualquier caso, cualquiera se da cuenta de la injusticia que subyace detrás de este tipo de decisiones, que con la puesta en marcha de unos medios poco razonados (aplicación ciega de las leyes) se olvidan de los fines (la conservación del patrimonio). Los pastores demostraron ser unos gestores mucho más eficaces en este caso, ¿por qué no contar entonces con su opinión y experiencia?

Arqueoitinerario por los valles del oso: visitas guiadas al abrigo prehistórico de Santo Adriano

En resumen…el Ecomuseo de Santo Adriano tiene los siguientes objetivos:

  1. Investigar, proteger y difundir los valores patrimoniales del territorio de Santo Adriano
  2. Fomentar la participación social
  3. Plantear una alternativa crítica al actual modelo de desarrollo rural, basado en la creación de un turismo eminentemente comercial y precarizado y en la mercantilización del trabajo campesino (dos caras de una misma moneda)
  4. Apoyarse para ello en conceptos como la sostenibilidad, el desarrollo local o la recuperación de recursos endógenos
  5. Ser un proyecto autogestionado

¿Qué hemos hecho hasta ahora? Los primeros pasos:

  1. Creación de un grupo de trabajo constituido por la población local
  2. Organizar la estructura del ecomuseo mediante una serie de propuestas de activaciones patrimoniales apoyándose en la investigación (paisaje, etnografía, patrimonio material e inmaterial, etc.). Para ello contamos con la colaboración de diferentes “propietarios” del Patrimonio: población local, Iglesia, administración… vamos avanzando.
  3. Organizar actividades de participación social a través de las que se transfiere ese conocimiento y se ponen en valor los recursos patrimoniales activados (Etnoitinerarios y Arqueoitinerarios).

Campamento Paleolítico de Tuñón

¿Qué queremos hacer en el futuro?

  • Crecer desde la autogestión
  • Retomar las excavaciones arqueológicas
  • Elaboración de catálogos
  • Ampliar la oferta de itinerarios didácticos
  • Elaboración de un Plan Museológico
  • Búsqueda de un local de recepción de visitantes donde instalar exposiciones temporales, proyecciones, talleres… El ayuntamiento no considera la nuestra una iniciativa de interés, pues no atrae grandes inversiones, y si no hay una buena cantidad de euros de por medio, sencillamente no interesa. Conclusión: no nos ceden ni un local.
  • Integrarse en el Sistema de Museos del Principado de Asturias, siempre que esto no signifique ninguna pérdida de independencia ni vulnere el principio de autogestión. La consideración de museo nos permitiría llegar a acuerdos con el Museo Arqueológico para custodiar y exponer los materiales arqueológicos procedentes de las excavaciones y así mantenerlos dentro de la comunidad local.

[+info: https://sites.google.com/site/asociacionlaponte/]

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