Arqueología agraria y compromiso en los Andes

Alexander Herrera es Profesor Asociado en la Universidad de los Andes (Colombia), tras haberse doctorado en Arqueología en la Universidad de Cambridge (UK). Sus investigaciones en Arqueología agraria son un excelente ejemplo de la aplicabilidad real de esta disciplina para con las sociedades indígenas actuales. Entre sus líneas de trabajo destacan algunas experiencias prácticas de recuperación de técnicas y tecnologías agrarias pretéritas como una vía para ampliar y diversificar las opciones productivas de los campesinos de los Andes en la actualidad.

 

Las tecnologías indígenas y el futuro de los Andes

Alexander Herrera.
Profesor Asociado del Departamento de Antropología,
Universidad de los Andes.

A lo largo de muchos milenios de ocupación, generaciones de pobladores andinos han creado los paisajes que hoy vemos. Estas transformaciones son casi imperceptibles en algunos lugares, al menos para el ojo no entrenado, pero en otros los cambios son de proporciones monumentales. Las terrazas de cultivo construidas por los Incas en el Valle del Urubamba constituyen un impactante ejemplo de la sofisticación con la cual los sistemas tecnológicos andinos se integraban en el paisaje, y no sólo a nivel técnico. Mi fascinación por recuperar esta infraestructura para enfrentar la pobreza rural dio lugar a una investigación en cuatro países de América del Sur y al reciente libro peruano–colombiano “La recuperación de Tecnologías Indígenas: Arqueología, Tecnología y Desarrollo en los Andes”. Desde la punta de los glaciares hasta el mar, y de allí al firmamento nocturno y de regreso, antes de la Colonia el ciclo del agua se hallaba domesticado. Caminatas o peregrinaciones anuales marcaban el inicio del ciclo agrícola, y en un puñado de lugares las faenas comunales anuales aún se marcan con ofrendas de agua de mar, trazando zanjas al pie de los glaciares, música, baile y bebida. Gracias a los mitos y ritos descritos por los cronistas y extirpadores de idolatrías de la época colonial temprana, conocemos, entre otras cosas, el rol y nombre de algunos dioses tutelares apu que se identificaban con montañas y glaciares particulares. Las redes de relaciones entre personas alrededor de lugares, en muchos casos se articulaban en torno a metáforas acuáticas. El manejo técnico y simbólico del agua, en otras palabras, era más importante que la construcción de territorios. En las últimas décadas, trabajos de prospección arqueológica han detectado que algunos elementos de los amplios sistemas de canales, terrazas y humedales artificiales que otrora integraran el manejo de los bosques, el pastoreo y la agricultura a lo largo y estrecho de las escarpadas cuencas andinas, aún cumplen su función hídráulica luego de 500 años de abandono. Una serie de intentos institucionales por utilizar esta infraestructura y rescatar las técnicas y semillas originarias en el marco de proyectos de desarrollo rural han surgido a lo largo de las tres últimas décadas. Sus limitados logros se deben, en parte, a que los mitos de la modernidad vernácula se hallan atravesados por la fe en la cosmología de la máquina, una visión mecanicista del mundo dentro de la cual las tecnologías mecanizadas ocupan un lugar preeminente. Ante los retos planteados por los procesos de cambio en los regímenes climáticos a nivel planetario, el resurgimiento de hambrunas y la volatilidad de los precios de los alimentos básicos en el mercado mundial –dominados por un reducido grupo de conglomerados transnacionales–, la seguridad alimentaria (la capacidad de un país o región de alimentarse) y la soberanía alimentaria (hacerlo con lo que produce) están a la orden del día. En este contexto, es pertinente voltear la mirada hacia la milenaria historia de las formas autóctonas de manejo del agua, el suelo y la biodiversidad en los Andes.

Con más detalle: Herrera, A. La recuperación de tecnologías indígena: Una deuda con nuestros pueblos. CLACSO / Universidad de los Andes.

 

Hemos querido traer a nuestro blog este pequeño comentario de Alexander Herrera sobre sus investigaciones en los paisajes agrarios andinos para señalar las posibilidades de aplicabilidad efectiva de proyectos investigadores sobre Arqueología del paisaje y formas agrarias. Un mejor conocimiento del territorio y la comprensión de la genealogía del paisaje rural que nos rodea son pilares básicos para que las sociedades actuales valoren las posibilidades de su entorno y reflexionen acerca de las vías de futuro para las formas de vida rurales. No podemos avanzar hacia adelante a ciegas, sin comprender de dónde venimos. Es necesario que analicemos las experiencias pasadas de las comunidades locales, y es aquí donde desde la Arqueología podemos aportar nuestro granito de arena para que las comunidades locales. Con estos objetivos a la vista, desde la Arqueología tenemos por delante dos líneas fundemantales de trabajo: (i) desentrañar los procesos sociales y productivos de construcción del paisaje rural a lo largo de la Historia; (ii) convertir esos conocimeintos históricos en enseñanzas aplicables en lo práctico para las comunidades locales, para lo cual es necesario un amplio esfuerzo en labores de educación y difusión por nuestra parte.

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